26 febrero 2014
Palabra de mí
Es algo que se me perdió, algo que todos tienen pero no conoces. Me he pasado buena parte de mi vida buscando ese algo escondido; incluso de mi mismo que hasta hace poco supe perdido. Como describirlo? Es una emoción y deviene del pecho; es cálida y recuerda las lágrimas de un ayer que fue y al que anhelas con el ser. Los ojos recuerdan mirando en cualquier dirección, eso no parece importar; lo que sí, es que miran como queriendo llorar. La mitad de ellos ve lo que parece ver y la otra, ve algo que ya no es. Me dicen que es nostalgia la palabra mía, pero es más. Es más fuerte que la mayoría de las emociones, al menos para mí. Lucha con el amor por el primer puesto; pero es que lo fue alguna vez y duele que ya no lo sea. Me aprieto el pecho finalmente; pero no la encuentro. Se que hay una palabra para describir esto que padezco; pero no la recuerdo y la echo de menos. La siento como un brazo que falta y siento lo que pudiese tocar, con toda la intensidad de una mano que se haya al final de un brazo que existe. Si pudiese usar un ejemplo, sería el de algunos viejos en el parque, la emoción que lloran sus ojos y que arde en sus cansados pechos flácidos de buenos años. Pero la mía palabra, no es como las suyas. Son distintas emociones para ellos que la mía que es una palabra que lo describe pero no lo abarca. Es una única y encantadora. Como la extraño!. Es encantadora y no muy vieja, tiene ojos para verme sufriéndola y la risa de una niña traviesa para que la perdone. Me acompaña aquí en mi pecho con su sonrisa de blancos dientes, con una nariz y con sus ojos, todos bellos por separado que juntos lo serían más. Si hubiese nombre, una palabra que diera cara a lo que siento, oh agonía. Lo recuerdo y recuerdo al recuerdo; pero no está. Ni en la punta de mi lengua existe todavía. Y no existe como un brazo que se me hubiese quitado,uno que siente o podría, la taza de café que me mantiene despierto en este delirio de noche. ¿Donde estás palabra mía? Te extraña tu dueño tuyo, el único que puede escribirte con esa máquina de escribir suya, que te haría justicia y acompaña a este delirante: tu humilde servidor. Donde estás palabra mía.
03 febrero 2014
Simple querer.
Quiero... Quiero muchas cosas, las quiero para mí y para compartir con los míos. Quiero paz, la paz mía y la de mi mundo. Quiero una cerveza para mi en este momento, perdonen lo egoísta; pero la quiero para mi y solo para mi. Quiero que mañana no llegue y que a la vez; hoy no sea hoy si no mañana y al mismo tiempo quiero que sea ayer; donde los asados familiares eran entretenidos. Quiero un montón de cosas para mí ahora mismo, también quiero muchas cosas para los míos; pero esas cosas que quiero son para mi, las otras cosas suyas, para ellos. Quiero una moto buena que me lleve al sur, porque quiero ver a algunos míos allá en el sur mío y también la quiero para ir a comprar el pan cuando me de hambre o quizás también para llevar a alguna chica al cine; ellas mueren por las motos. Quiero que mi perro no se muera nunca, es mi perro, lo quiero mucho porque es bueno y me recibe con la cola moviéndose y con los ojos felices. Quiero que el Transantiago no suba y que el pase funcione en febrero y quiero que los choferes sean buena onda con las abuelas que corren al paradero. Quiero que la gente ande feliz como solía y quiero que su guerra se acabe y no sea la mía.
Quiero a mis amigos y no para mí. Los quiero felices como perdices viviendo sus vidas suyas, así como quiero para mis familiares lo mismo y para mi también. Quiero felicidad y felicidad, que es tan difícil encontrar en esta sucia ciudad, llena de personas que quieren cosas para si mismos y no comparten su querer conmigo ni con los míos. Quiero que quieran cosas para otros y sean como yo que comparto mi querer.
Quiero ver a las gentes bailar descalzos en los techos de los edificios, con lluvia y queriendo que no pare. Quiero verlos en sus trajes de oficina queriendo que sea mañana y queriendo volver a su trabajo que querrían desde el alma misma. Quiero para ellos la vida que no ven, quiero para ellos la vida que anhelan y también quiero eso para mi y para los que quiero.
¿Es mucho querer?
Quiero a mis amigos y no para mí. Los quiero felices como perdices viviendo sus vidas suyas, así como quiero para mis familiares lo mismo y para mi también. Quiero felicidad y felicidad, que es tan difícil encontrar en esta sucia ciudad, llena de personas que quieren cosas para si mismos y no comparten su querer conmigo ni con los míos. Quiero que quieran cosas para otros y sean como yo que comparto mi querer.
Quiero ver a las gentes bailar descalzos en los techos de los edificios, con lluvia y queriendo que no pare. Quiero verlos en sus trajes de oficina queriendo que sea mañana y queriendo volver a su trabajo que querrían desde el alma misma. Quiero para ellos la vida que no ven, quiero para ellos la vida que anhelan y también quiero eso para mi y para los que quiero.
¿Es mucho querer?
26 diciembre 2013
El andante
Busco caminar y andar, mas nada sé con exactitud. Las noches pasan de largo, los soles de cada día son distintos. Las semanas me saludan y los meses son acompañantes de medio tiempo.
Camino a largo trecho y no me hago viejo al andar. Espero algún día detenerme, pero más miedo mío no me perturba si no ese.Y espero la vida siga siendo vida en dicho caso, por que no hay caso que conozca sino ese.
El cielo me acompaña en mi eterna cruzada y le agradezco de eso cada vez que está. Creo a veces me mira de soslayo y le respondo un cántico alegre y con mucha fiesta.
Me veo en vitrinas del camino corriendo sin parar, los espejos cambian mas no mi semblante acelerado, poco cuerdo y vacilante.
Vuelvo a esperar algún día detenerme, pero la noche se acerca otra vez y no debe pillarme incauto, por que andar es el único camino para llegar a la vida, que se me escapa de una mía que no reconozco.
Camino a largo trecho y no me hago viejo al andar. Espero algún día detenerme, pero más miedo mío no me perturba si no ese.Y espero la vida siga siendo vida en dicho caso, por que no hay caso que conozca sino ese.
El cielo me acompaña en mi eterna cruzada y le agradezco de eso cada vez que está. Creo a veces me mira de soslayo y le respondo un cántico alegre y con mucha fiesta.
Me veo en vitrinas del camino corriendo sin parar, los espejos cambian mas no mi semblante acelerado, poco cuerdo y vacilante.
Vuelvo a esperar algún día detenerme, pero la noche se acerca otra vez y no debe pillarme incauto, por que andar es el único camino para llegar a la vida, que se me escapa de una mía que no reconozco.
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