Me encontraba concentrado y con plena joroba sobre el petulante informe que el jefe me había pedido. Con cada célula y átomo, con cada axón y neurona... Cada sinapsis de mi cuerpo se encontraba presente en ese dichoso documento, que debía entregar en un rato mas, por que claro, después de dos semanas de plazo lo deje para último como de costumbre.
Pasada unas dos horas, solo había hecho la introducción del informe, que en mi opinión personal, junto al índice, podría ser uno de los mejores trabajos de mi vida, habiéndole puesto horas de inspiración… Pero así mismo, tenia gotas de sudor frió rebosando mi frente, junto con sonidos indeseables que un hígado no debería hacer y sin tomar en cuenta los litros de café que una persona adulta pueda consumir para permanecer despierto a las siete de la mañana. Se me hacia tarde, ya iba siendo hora de que la familia entera se levantase y por lo tanto lo que tenia de concentración se me esfumo al ver a mi mujer en camisón, todo en conjunto de un bello amanecer y una tenue oscuridad que reflejaba sus curvas como diosa ante un sonámbulo mortal. Junto a ella corrían y gritaban un niño y una niña, tomando uno del pelo y el otro de las piernas a una desafortunada muñeca que vino a caer a sus manos en algún desafortunado cumpleaños. Mi mujer y mis hijos me saludaron con el protocolar beso en la mejilla y fueron directo a la mesa, donde se tardaría unos cinco minutos en aparecer mágicamente un desayuno completísimo y personalizado para cada integrante de tan bella familia... Mientras comía tal delicia, había un ente maligno que me observaba aterrorizantemente... Un aire denso me apretaba luego la garganta. Todo provenía del salón de estudio, donde el oxigeno se tergiversaba en tonos oscuros, y un aura demoniaca clamaba mi nombre... He ahí un informe incompleto, que debiese estar en el escritorio del Jefe en dos horas más...
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